LAS ROZAS 3, VIRGEN DE EUROPA 1. EL BENJAMÍN A CONTINÚA IMBATIDO.

(“Entre susto y muerte, elegimos susto”)

Por fin llegó. Hace tiempo que necesitábamos un partido como este para poner, de nuevo, los patines en el suelo. Para darnos cuenta de que la liga no está ganada. Y de que sólo haciendo las cosas bien, lo que implica prestar atención en defensa y en ataque, jugar en equipo y con orden, sólo así, decía, podremos ver reflejada en el marcador la distancia real que existe con respecto a los demás equipos.

Nada más empezar el partido vimos que el Virgen de Europa tenía más ganas que nosotros, un ritmo más elevado, las ideas más claras. No en vano ellos se estaban jugando una plaza para la Final a 4, plaza que nosotros veíamos once puntos más próxima. Aunque habíamos hablado en el vestuario del peligro de entrar a jugar muy relajados, ocurrió exactamente eso. Aunque habíamos reflexionado acerca de que el Virgen de Europa era el segundo equipo menos goleado y el cuarto máximo goleador de la liga, parece que, en el fondo, preferimos salir a la pista pensando que, en las dos estadísticas, nosotros íbamos primeros… Claro que las estadísticas no ganan los partidos.

Durante toda la primera parte fuimos peores que ellos, más lentos que ellos, jugamos más desordenados que ellos y merecimos haber llegado al descanso con un gol o dos en contra. Por suerte, Iván hizo bien su trabajo en portería. Incluso me atrevería a decir que lo hizo demasiado bien, puesto que según parece, sacó ágilmente y con picardía una bola que ya había tocado chapa. Yo no lo vi. El árbitro, tampoco.
En realidad, el Virgen de Europa se limitaba a mover la bola con velocidad por fuera para llegar de vez en cuando con algo de ventaja por banda y picar la bola al centro de nuestro rombo. A veces, su jugador en punta conectaba con la bola en tránsito y la bateaba hacia nuestra portería. Sustos que generaron canas, no goles. Iván no perdió la concentración y despejó lo que la defensa no cortaba.

Pero en realidad nuestro problema no estaba tanto en defensa, que también, como en ataque, caótico, impreciso y demasiado individualista. Si el plan acordado consistía en mover bola en carrusel para armar la jugada a partir de ahí, la ejecución real se convertía, a la primera de cambio, en una arrancada más o menos veloz, más o menos afortunada de Dani, Carlos Hermana o Juan que siempre acababa con una pérdida de bola o, en el mejor de los casos, con un tiro desviado y a destiempo. La realidad es terca: los contrarios también corren. Alguna rotación de banquillo nos hizo ver que la astenia primaveral afectaba a todos nuestros efectivos por igual.

Para nuestro alivio, el primer tiempo acabó sin alteraciones en el marcador.
Para nuestra tranquilidad, el paso por el vestuario tuvo en nuestros jugadores el efecto estimulante del mejor café de Colombia. ¡Viva Juan Valdés!

Si la primera parte llevó la firma del Virgen de Europa, la segunda se jugó con la bola en llamas. Y además la empezamos con ritmo, intensidad, ganas y orden. Y en estas, ¡qué casualidad!, llegó el acierto. Juan (el auténtico, el que todos conocemos, no su mala imitación de la primera mitad), salió como una bala por la banda derecha conectando un magnífico disparo de pala. ¡Adiós telarañas!

Tras el gol, todos entendimos que el partido había cambiado. Hasta el equipo contrario pareció verlo así. Una vez conseguimos hacernos con la bola (sí, la de las llamitas) tuvimos el mando del partido. ¡Ya era hora! Dani se limpió las legañas y recuperó la vista, localizando a sus compañeros para repartir juego y pases al hueco. Carlos Hermana canalizó con más criterio su velocidad y sus incansables carreras, finalizando una contra como se finalizan las contras: con gol. También levantó la cabeza para conectar algún pase interesante –y algo arriesgado- como la asistencia del tercer gol, de nuevo obra de Juan.
Y tanto Marta, más activa, como Carlos Catallops y Álvaro, que se turnaron en pista y dieron descanso a Carlos Hermana y a Juan en diferentes momentos, hicieron lo que tocaba, buscar buenas posiciones en el área para intentar aprovechar las oportunidades que fueron llegando. Cada uno de ellos tres tuvo, al menos, una ocasión clara de gol. No pudieron convertirlas pero faltó poco, muy poco. Quizá más decisión que puntería.

En los últimos minutos, Luis salió para ocupar la portería. Una bola en el área tratada con excesivo respeto y contemplación por varios sticks roceños, ofreció una ocasión clara que el Virgen de Europa no desaprovechó. Gol en contra y ánimos renovados en los visitantes. Aunque tampoco les duró mucho. Más o menos hasta la siguiente oportunidad de gol que Luis desbarató con mucha soltura y mejores reflejos.

En fin, que sufrimos pero nos recuperamos y sacamos adelante un encuentro que pintaba feo desde el principio. Lección aprendida. Espero…

Fern.

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