El infantil B o cómo echar la culpa al “empedrao”

Hay días en los que las cosas no salen ni a la de tres. Días en los que la pista, tu pista, se vuelve terreno hostil. Y te ves en ella rodeado de charlys (con perdón, presi 🙂 Cuando eso ocurre, no te queda otra que apretar los dientes y aguantar hasta que las tornas cambien. Ese tipo de partido nos tocó el sábado.

Ya desde el calentamiento (o como se llame eso de patinar al frío polar), se vio que Tres Cantos venía a dar problemas. Y en problemas nos metió durante toda la primera parte… si exceptuamos los últimos seis segundos. Cuando la cuenta atrás del marcador mostraba ese dígito, montamos una buena contra que acabó en gol. 1-0 y a recapacitar.

El descanso (y puede que el resguardo del vestuario), nos sentó bien. Iniciamos la segunda parte con otra actitud, la necesaria para dar la vuelta a la situación. Empezamos a competir, dejamos de perder todas las bolas divididas y logramos dar una forma más reconocible al ataque. Entre eso, el buen trabajo en portería y la defensa atenta a su mejor jugador, que no encontró posiciones claras de disparo, nos fuimos creciendo y adueñando de la pista. Por fin retornaba a sus propietarios naturales. Ya no nos parecía un pedregal. Para muestra, dos nuevos goles, uno de ellos de falta directa bien ejecutada. 3-0 y a casita, a buscar un edredón.

Quizá lo más importante del partido de ayer era no acusar demasiado lesiones y convalecencias varias, aunque eso pueda sonar a echarle la culpa al “empedrao”. Bueno, pues supimos sobreponernos. Deberíamos darnos no con uno sino con tres cantos en los dientes. Uno por cada gol.

Ahora, a por más.
“¡Biba el B!”

Fern.

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